
A día de hoy, casi ningún Mercedes-Benz goza de una reputación tan legendaria como la del C111, y lo sorprendente es que ningún cliente pudo comprarlo jamás, por mucho que lo deseara.
Mientras que el 300 SL o, más tarde, el CLK GTR se fabricaron al menos en pequeñas series, el C111 siempre fue lo que estaba destinado a ser desde el principio: un prototipo de pura raza al que se le negó para siempre el paso a la producción en serie.
Aun así, todos los aficionados a los coches deportivos lo conocen, ya que su forma plana y cónica, sus llamativas puertas de alas de gaviota y su pintura de color naranja brillante (técnicamente, Weißherbst), lo convierten en un icono, aunque casi nadie lo haya visto nunca en persona.
Para muchos sigue siendo, incluso hoy, el deportivo que Mercedes-Benz debió fabricar. Y aunque nadie lo haya podido tener en su garaje, no pocos lo hemos tenido como maqueta en una estantería en casa.
Mercedes-Benz persiguió desde el principio un objetivo muy claro, ya que cuando el C111 se presentó en septiembre de 1969 en el Salón Internacional del Automóvil de Fráncfort, a los ingenieros no les importaban ni las cifras de ventas ni crear un sucesor del 300 SL.
El coche servía más bien como laboratorio de pruebas sobre ruedas para nuevos conceptos de propulsión, para el chasis y la aerodinámica, así como para el uso, por entonces aún bastante exótico, de una carrocería de plástico reforzado con fibra de vidrio.
No es de extrañar que los visitantes de la feria lo vieran de forma totalmente diferente y consideraran su motor Wankel más un argumento de venta que un objeto de investigación. De hecho, se agolparon en el estand, considerando que el futurista modelo de puertas de ala de gaviota iba a ser el próximo gran deportivo de Mercedes-Benz. Incluso, algunos trataron de encargarlo de inmediato, costara lo que costara.
Según cuenta la leyenda, tras la presentación del mejorado C111-II en Ginebra, los interesados llegaron incluso a enviar cheques en blanco a Stuttgart, aparentemente convencidos de que el dinero podía ablandar cualquier no por respuesta. Sin embargo, la marca se negó, y el C111 siguió siendo un proyecto de investigación.
Echando un vistazo a un ejemplar de la colección de la marca, el habitáculo parece sorprendentemente cercano al de un modelo de serie. Los grandes relojes redondos en la instrumentación, los mandos dispuestos de forma lógica o la posición de conducción recuerdan más a un Mercedes-Benz de principios de los setenta que a un prototipo de pruebas.
Un detalle curioso es la radio, que está colocada en vertical en la consola central porque, sencillamente, no había espacio para colocarla en horizontal.
Una vez que te has subido, con cierta torpeza, por el amplio umbral, te sientes bastante cómodo en los asientos, montados a baja altura. ¿Y qué hay bajo el capó?
Pues quien espere encontrar el famoso motor Wankel se llevará una sorpresa, ya que esta unidad de Mercedes-Benz Classic cuenta con el motor V8, del que se habla con mucha menos frecuencia: un bloque de 3,5 litros y 200 CV
Tras más de cinco décadas de su estreno, el diseño del C111 sigue pareciendo sorprendentemente moderno. Con algunos cambios sutiles en la iluminación y las llantas, el diseño podría pasar perfectamente por un prototipo actual, razón por la que sigue despertando un gran interés.
Volviendo al motor, Mercedes-Benz dejó que el desarrollo del motor Wankel llegara a su fin en 1976, pero siguió utilizando el C111 como prototipo de pruebas.
En primer lugar, se creó el C111-IID con motor diésel, que en 1976 estableció en Nardò nada menos que 16 récords mundiales en un plazo de 60 horas, antes de que le siguieran el C111-III, con una aerodinámica extremadamente optimizada, y, finalmente, el C111-IV, que en 1979 firmó un nuevo récord de circuito con casi 404 km/h de velocidad máxima.
Este coche demuestra el valor con el que Mercedes-Benz abrió nuevos caminos a finales de los años 60, aunque al final no todas las ideas acabaran imponiéndose. Sin embargo, el C111 permanece en el recuerdo de muchos.
Quizá ahí resida precisamente su verdadera importancia. Hoy en día, los nuevos fabricantes pueden desarrollar buenos coches en pocos años, pero lo que no se puede construir en tan poco tiempo es la historia. El C111 nos recuerda que precisamente esa historia puede ser para una marca al menos tan valiosa como sus modelos más recientes.




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